La sequía en su manifestación natural no sólo tiene una expresión climática. Las condiciones en las que los suelos reciben y optimizan el recurso hídrico para traducirlo en un desarrollo vegetacional constante, es fundamental para entender las características de los paisajes secos, áridos o en condición de sequía. La FAO (2010), describe los suelos de la cuarta región de Coquimbo como suelos pardocalcácicos, sedimentados fluvial y aluvialmente. Dichos suelos se corresponden también con tipos de suelos que a nivel global podemos encontrar en zonas áridas o semiáridas. Ejemplo de esto son los aridisoles que son suelos determinados por su baja disponibilidad de agua debido en gran parte a la nula presencia de grietas espaciosas y profundas. Son suelos en los que existe poca presencia orgánica lo que deriva en que su horizonte superficial o la mayoría de sus horizontes no tengan colores oscurecidos por el humus. En estos suelos los minerales (principalmente sales) se concentran en la superficie (Strahler y Strahler, 2005).
Mapa de uso de suelo agrícola en Chile. Fuente: CEAZA
Junto con esta definición hay que tener claro que la temática trascendente respecto a los suelos es el uso que se les da a esto y la vegetación que puedan albergar, que en las zonas estudiadas se relaciona principalmente a las viñas y plantaciones agrícolas. El uso del suelo puede ser un criterio para definir la condición de sequía, pues los suelos han variado su capacidad de retención de agua, su porosidad y los horizontes ya no son capaces de mantener las raíces de las plantas. En el siguiente mapa se explicita que la cuarta región de Coquimbo que el déficit de agua en los suelos agrícolas varía de déficit moderado a déficit extremo.

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